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Vuelta a la «normalidad»

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¡Buenos días!

¿Cómo estáis? Sé que éste es un espacio dedicado a la moda, los viajes y el maquillaje pero, después de todo lo ocurrido, no me sentía con ánimo de escribir un post como si no hubiera pasado nada.

Después de las semanas tan “intensas” que estamos viviendo, me está resultando complicado volver a la “normalidad”. Barcelona, como muchos lugares de España, está en una fase complicada. He vivido momentos de todo tipo: incertidumbre, desasosiego, incluso miedo, pero también de esperanza, ilusión y cercanía porque, aunque puede parecer extraño, me siento más cerca que nunca de los míos. Debe ser verdad lo que dicen los que entran en Gran Hermano, que todo se intensifica porque, en muchas ocasiones, siento mis emociones a flor de piel. Cuando salgo al balcón a aplaudir a todos aquellos que ponen su granito de arena para que todo vuelva a funcionar, se me saltan las lágrimas al sentir que hay algo que nos une, que nos hace mirarnos a los ojos mientras nos vemos reflejados unos en otros. Pura magia.

No soy de mostrar demasiadas emociones, más bien soy introvertida y todos aquellos que me conocen saben que me cuesta hablar de mí, de mis sentimientos e incluso pensamientos. Esa capa de “frialdad” me protegió los dos primeros días. Egoísta de mí, pensaba en los viajes que tenía que anular, en los planes que se cancelaron y en todo lo que debería trabajar después para ponerme al día. ¡Estaba enfadada con el mundo! Pero todo se vino abajo por completo después del tercer día. Después de abrir los ojos y descubrir qué es lo que verdaderamente sentía.

He practicado yoga, he pintado mandalas e incluso me he dedicado a hacer patrones de ropa que, pobre de mi madre, me tendrá que ayudar a coser porque, después del shock inicial, de sentirme enjaulada y de pensar que eso no lo podría soportar, descubrí que por primera vez, tenía tiempo para vivir, para dedicarme, para reflexionar y para meditar qué es lo que me hacía realmente feliz en la vida. ¡Y fue muy revelador! Mis pensamientos, ideas preconcebidas e incluso, la manera de verme a mi misma, cambiaron por completo. 

Esta tragedia nos ha sacudido muy de cerca y tenemos que lamentar miles de pérdidas, algunas de ellas muy cercanas dolorosas pero, lo que también nos ha demostrado, es que no existen las fronteras, ni las razas, ni las culturas. Había gente que lo compara con la guerra. Por suerte, no he presenciado ninguna en primera persona pero no creo que lo vivido llegue a equipararse a lo que vivieron nuestros abuelos o antepasados.

La naturaleza nos ha demostrado una vez más que no somos el centro del mundo por mucho que nos comportemos como tal, que no lo podemos controlar todo, que los problemas de nuestros vecinos son también los nuestros, que por muy lejos que veamos los desastres algunas veces, éstos también nos van a afectar.

Me siento muy afortunada de tener una casa en la que cobijarme, protegerme y saber que los míos también están protegidos. No todas las personas lo pueden vivir así. Hay países donde las condiciones son mucho más duras, gente que no tiene un hogar, que están hacinados e incluso que tienen que adaptarse a vivir sobre árboles. Una verdadera locura que hace que debamos sentirnos afortunados de todo lo que nos rodea y de los privilegios que nos han sido regalados por tan sólo nacer donde hemos nacido.

Sólo espero que estos difíciles momentos nos hayan servido para crecer, para evolucionar, para ser más empáticos, para amar en mayúsculas y para valorar los pequeños gestos que de verdad importan.

De todo corazón, espero que estéis bien, que valoréis lo que tenéis y, a todos aquellos a los que la pandemia os ha sacudido muy de cerca, mi más sincero apoyo porque, aunque cada persona lo vea de manera diferente, recordad que estamos unidos en esto.

Un abrazo muy fuerte a todos.

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